El tipo de alimentos que comemos, así como su cantidad, tienen una enorme influencia en nuestra salud. Las prisas o la pereza hacen que comer mal sea relativamente sencillo; sin embargo, no estaremos dando a nuestro organismo todos esos nutrientes saludables que necesitamos.

Nutrientes que sí encontramos en productos frescos y sanos como frutas, hortalizas, carnes, pescados, legumbres, frutos secos, germinados…

La fórmula mágica está clara. Si comemos una proporción adecuada de alimentos de los principales grupos tendremos la base del bienestar cotidiano y, a la larga, se reducirá el riesgo de contraer algunas enfermedades.

Por tanto, cuando nos alimentamos hay que tener en cuenta seguir una pauta saludable. Pero ¿a qué nos referimos? A rasgos generales podemos decir que una alimentación saludable es aquella que en su conjunto…

  • Incorpora alimentos accesibles que aportan todos los nutrientes necesarios para la vida de las personas.
  • Alimentos que se combinan de manera variada, equilibrada y adaptada a las necesidades específicas de cada persona.
  • Alimentos que se incluyen en unos hábitos de elaboración y consumo que están en sintonía con el estilo de vida y las costumbres de esas personas.

Así, esos productos deben ser nutricionalmente saludables y seguros. Es decir, además de ofrecer nutrientes necesarios, no supondrán riesgo alguno para la salud por lo que no tendrán una alta proporción de sal, grasas o azúcares añadidos.

Además, los alimentos elegidos deben combinarse de forma variada y saludable, de manera que a lo largo del día se cubran las necesidades nutricionales, médicas (intolerancias) y energéticas que una persona pueda tener.

Por último, a la hora de elaborar esas comidas o alimentos deben priorizarse las formas de elaboración más saludables, adaptadas a los gustos y costumbres del territorio.