Es algo que sabemos. La alimentación influye en nuestra salud, tanto para bien como para mal. Por eso, es importante que sigamos una pauta alimenticia sana y equilibrada para garantizar el propio bienestar de nuestro organismo y nuestro cuerpo.

Y para eso, no nos debemos poner restricciones prohibitivas. Comer de todo, en su justa medida, es la mejor manera de garantizar que nuestro cuerpo recibe todos los nutrientes que necesita. Pero cuando el médico detecta que hay un riesgo de empeoramiento en una enfermedad cardiovascular, es importante poner una atención más controlada sobre lo que comemos. Y es que tal y como recuerda la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición las enfermedades cardiovasculares son la primera causa de muerte en el conjunto de la población española y que para evitarlo solo una hay una fórmula mágica: el ejercicio físico y la dieta correcta.

¿Puedo comer de todo?

Y una de las premisas esenciales es desterrar aquellos hábitos y alimentos que hagan que esa persona caiga en el sobrepeso y la obesidad. Y para cumplir con esta directriz, es importante reducir la ingesta de grasas animales y aumentar la de frutas, verduras, legumbres y fibras. Y en este último plano es donde entran los germinados y nutritivas propiedades.

Para ser más concretos. En el caso de los cereales, elige siempre pan tradicional antes que pan de molde, que es menos saludable por su origen industrial, y dentro del pan, opta por variedades integrales: son ricas en fibra y aportan una dosis extra de vitaminas y minerales. Respecto a las grasas, reduce la ingesta de las saturadas (carnes rojas, embutidos y derivados lácteos) y sustitúyelas por las insaturadas (pescado – en especial, el azul – y frutos secos).

Y a la hora de hacer la compra, es mejor comprar alimentos frescos, pero no siempre es posible. Si compras productos envasados, es importante que te detengas a mirar la información nutricional. Evita comprar precocinados y productos industriales, ya que contienen más sales y grasas hidrogenadas.